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domingo, 24 de enero de 2010

En el fondo de un pozo

Hay una parte de mi que vive encerrada en un pozo. Es muy hondo y oscuro, y hace tiempo que por allí no corre el agua. Ahi descansa en silencio, observando el cielo lleno de estrellas como una utopía que jamas podrá alcanzar.

Hace tanto tiempo que permanece ahí en silencio que llevo tiempo suponiendo que así debe ser, apenas haciendo esfuerzos por cambiar, por elevarla hacia donde crece la hierba y acaricia el sol. Siempre pienso que debo hacer algo, pero nunca me esfuerzo lo suficiente. Un obstáculo invisible retiene siempre mis pasos, impidiéndome trepar por las paredes del hoyo.

Poco a poco tengo que evolucionar, dar un paso más. Antes de irme, debería haber al menos comenzado a trepar para subir a la cima. Siempre es el miedo de cambiar y lo aparentemente difícil que resulta la tarea, por no hablar de lo injusto de tener que luchar por algo que el resto del mundo ya lo tiene integrado en sí mismo. La rebeldía de no hacer nada por lo injusto que me parece se convierte en una excusa barata para no hacer algo.

Igual que estoy trabajando en varias facetas de mi vida por ser mejor, creo que esta merece también que ponga de mi parte y comience a trepar mi muro. Todo empieza por imaginarme ahí arriba, disfrutando del calor con el que todos llevan ya años bronceándose, del placer que ello les reporta para así convertirlo en una ambición real.

Dicen que uno no puede cambiar, porque finalmente por mucho que uno luche, finalmente se encontrará su yo anterior. Uno no puede dejar de ser uno mismo en esencia, pero sí puede evolucionar.
Yo creo en la evolución, y en mejorar uno mismo cada día.

Este año daré cuerda a mi mundo para empezar a trepar.