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jueves, 21 de abril de 2016

Melancolía

El día menos pensado te la encuentras al llegar a casa. Sin invitación ni preaviso, la dama vestida de azul está sentada en el sofá tomando tímidamente un café pasando casi inadvertida su presencia. Su cara sigue pensativa mirando al infinito mientras que el aire que exhala va invadiendo la estancia. Todo se vuelve ligeramente más pesado. Tú sigues con tu rutina ignorándola mientras ella juega distraída con el mando de la televisión, cambiando de canal mientras tu fumas en la ventana.

Aunque evitas su mirada, notas como sus ojos te observan con curiosidad. Sin que te des cuenta te sientes más cansado, y notas tu cuerpo encorvarse como si de repente fueras consciente de que llevaras una gran carga a tus espaldas.  Tus ojos se apagan y tu cabeza entra en letargo. Intentas pensar que todo sigue igual de bien que ayer y decides hacer la cena, distraerte con cualquier cosa mientras ella sigue inmutable en el sofá.

Algo te desvía del camino que llevabas y parece que no puedes hacer nada bien. Cortas torpemente las verduras y se te caen las cosas mientras intentas preparar la comida. Hoy la comida tiene un regusto amargo que te recuerda a ella. El pensamiento de que hoy no es tu día se cruza por la cabeza y decides darte una ducha para despejarte. El agua y el vapor sirven de evasión momentánea al influjo de la chica de azul, pero una vez sales del paréntesis tu cabeza vuelve a resetearse.

Te tumbas en la cama desnudo mirando a ninguna parte. Tu cuerpo reacciona solo y tus extremidades juntarse formando un ovillo. Notas el vacío dentro de ti y una sensación de caída a cámara lenta en las profundidades de tus pesadillas. Es entonces notas que ella se ha acostado a tu lado envolviéndote con suavidad. Su tacto frío y suave se convierte en parte de ti.

Melancolía, la marchita dama de la soledad yace a tu lado, y aunque sabes que no te conviene, no eres capaz de pedirle que se vaya. Vete... pero no me dejes solo...

domingo, 10 de abril de 2016

A cara o cruz

Mis dedos recorrían los granos de arena mientras mis pupilas se perdían entre los límites del mar y el cielo. El aire impregnado de salitre se metía suavemente en mi interior calmando los latidos de mi corazón. Mi mente, ya cansada de pensar, se toma unas vacaciones temporales volando con las gaviotas intentando olvidar que esta tranquilidad del domingo se convertirá de nuevo en frenesí. Era esta playa perdida el lugar que había escogido para tomar una decisión.

Cerraba los ojos mientras reflexionaba... Nos pasamos la vida tomando decisiones. Algunas cruciales como la carrera que queremos estudiar, otras tan nimias como la camisa que me pondré mañana. Y todas y cada una de ellas tienen algún tipo de repercusión en nuestras vidas. Escogiendo con más o menos precisión vamos creando una hoja de ruta que vamos recorriendo sin saber si hemos escogido la puerta correcta. Con el tiempo nos damos cuenta de que las experiencias que este camino nos ha ido planteando ya forman parte de nosotros, y nos han ido conformando en una persona determinada, para lo bueno y para lo malo. Un camino que, al fin y al cabo, hemos elegido nosotros.

Elegir no suele ser tarea fácil. No hay un manual de instrucciones para cada uno y docenas de voces a nuestro alrededor parecen saber mejor que nosotros qué es lo que necesitamos. Al principio las escuchabas más, pero el tiempo nos hace crecer en altura y sabiduría, aprendiendo a base de golpes que solo nosotros tenemos el poder de decidir. El poder de seguir el rumbo que marcamos nosotros, con lo que no podemos culpar a los demás de nuestras malas decisiones. 

Ojalá fuera tan fácil como tirar una moneda al aire, o que realmente supiéramos cuál es el camino que mayor satisfacción nos reportará. Pero en eso se basa la magia de la vida, y nos tenemos que mojar para conseguir nuestros sueños. Así que solo nos queda aprender de lo vivido y saber cuál es tu rumbo. Sin miedos. 

Mientras mis ojos se acomodaban de nuevo a la luz del sol una tenue sonrisa se perfilaba en mi cara. Ya había tomado mi decisión.

sábado, 12 de marzo de 2016

Un mundo de irrealidad

En una burbuja anclada en el Tiempo y el Espacio las leyes se emborronan para conformar un lienzo en blanco para la imaginación. El cielo cambia de color cada segundo y la lluvia solo aparece para dramatizar las secuencias que allí se relatan,. En este mundo de fantasía las alegrías se maximizan hasta más allá del absurdo mientras que el sufrimiento es efímero y solo es el preludio de un abrazo protector o de una sorpresa relativamente inesperada que cambia el azul por el amarillo.

Disfrutamos como un niños imaginándonos como un héroe protector de la galaxia, encontrándonos de bruces con un amor de esos que se dicen que son para toda la vida mientras el mundo aplaude nuestros logros en el ámbito profesional. Nada es demasiado irreal, cursi o imposible para las cosas que ocurren en nuestra pequeña burbuja donde siempre seremos guapos, las arrugas no mancillarán nuestro rostro y siempre tenemos la razón. ¡Cómo no disfrutar de un mundo que gira en torno nosotros!

Este oasis de irrealidad nos acompaña siempre agazapado en nuestra mente, esperando el momento oportuno para secuestrarnos y sacarnos de los problemas del día a día con la intención de imaginar y reinventar la realidad. En ocasiones apenas son unos minutos, otras son horas que se acaban uniendo en días, deleitándonos de nuestra realidad virtual.

Desgraciadamente ni el lugar más perfecto del mundo es perfecto. La arquitectura de sus edificios es una caricatura de la realidad, y los momentos que allá acontecen únicamente son equiparable a lo que nuestra imaginación puede abarcar, olvidando que por muy idílico que pueda ser este mundo no deja de ser una ficción.

Es aquí, en el asfalto de las calles donde se juega el verdadero partido. Aquí, donde los golpes que recibimos nos enseñan a esquivarlos y el sudor de nuestra frente sabe a nuestro esfuerzo, porque nada es comparable a sentir el roce de unos labios después de las dudas previas, o cuando nuestro corazón bombea tan deprisa que parece que se nos va a escapar. Por eso, que se escape el sudor por nuestros poros mientras follamos, que las agujetas nos perforen después del ejercicio y la rabia inunde nuestros sentidos tras perder el control, porque la vida es como es. Indomable, salvaje y superior a nosotros mismos.

Pero a pesar de todo, y por mucho que intentemos sintetizarla en nuestro mundo de irrealidad, nada es comparable a salir a la calle y arriesgarse.

lunes, 7 de marzo de 2016

Momentos

En la vida todo son momentos que solo duran un instante, mosaicos de sensaciones que como las golondrinas de Becquer ya no volverán. El tiempo, la luz, las personas a tu alrededor o el propio estado físico y mental confluyen en cada segundo para cristalizar toda esa miríada de factores en una de los millones de situaciones que tenemos cada día. Unos épicos, otros anodinos, pero todos ellos forman parte de un río que ya no podremos volver a cruzar.

El tiempo pasa inexorable mientras en el fino hilo de la vida vamos atesorando cada una de estas vivencias como cuentas de un collar. Y esto ocurre casi sin darnos cuenta porque forma parte de nuestra propia existencia.

Ese desayuno rápido antes de ir a trabajar de la semana pasada, las carcajadas con los compañeros mientras trabajábamos hasta tarde hace un mes, o ese momento húmedo bajo las sábanas que únicamente sucedió en nuestra imaginación cuando fantaseaba fugazmente con el chico que iba en el autobús ayer. Son pequeños momentos que conforman nuestro día a día y que sin darnos cuenta conforman las acciones que ocurrirán mañana.. o quizás en un año o dos.

Sabemos demasiado poco de la vida porque estamos demasiado metidos en ella. Tomamos poco en serio los pequeños momentos esperando a que ocurran los grandes y perseguimos con poca frecuencia las oportunidades de hacer algo grande porque vivimos enfrascados en las pequeñas cuentas del día a día sin levantar la vista del ordenador.

Momentos que construyen una vida. Momentos absurdos, divertidos o anodinos. Con más o menos glamour son las piedras en las que se cimenta nuestra existencia. El día que las perdamos dejaremos de ser nosotros mismos.. y qué poco los valoramos.

La vida sigue su baile con el tiempo sin darnos cuenta que este se acaba y que este collar que vamos construyendo algún día se quedará sin hueco para una nueva cuenta. La vida son momentos y nunca sabremos cuándo es el último. ¿Tienes un momento?

domingo, 28 de febrero de 2016

Detrás del escaparate

Llenos de luces y de color, los maniquíes posan sonrientes mostrando su mejor cara. Rodeados de serpentinas y objetos extravagantes muestran una vida de ensueño que parece una utopía para la gente de a pie, que se limitan a apoyar sus caras tras el cristal para intentar escudriñar qué es lo que hay detrás, cuáles son los secreto que esconden sus cuerpos tan bien formados para intentar aplicarlos a sus vidas.

Las calles brillan con la luz que desprenden mientras demuestran al mundo que los sueños más grandes e imposibles están al alcance de unos pocos de los mortales, aunque a simple vista pareciera que todo es tan fácil como salir al mundo y hacerlos realidad. Cada uno de estos escaparates muestra una historia diferente, pero todos ellos mantienen la misma esencia: La culminación del éxito en todas sus facetas: Tenemos a "la familia feliz", que se abrazan felices por haber encontrado el amor verdadero, viviendo en su casa de ensueño rodeada de muebles de diseño. Por otro lado tenemos al "eterno aventurero" que, rodeado de las fotos más increíbles vive rodeado de trofeos y souvenirs con una mirada triunfal sobre el globo terráqueo que adorna su salón. Y por supuesto tampoco olvidemos al "Lobo de Wall Street", que vive en una casa empapelada con billetes ganados gracias a su insuperable éxito profesional mientras toma un martini con sus amigos en una eterna bacanal de alcohol, sexo y música que nunca tiene fin.

Pero cuando las luces se apagan y ya nadie mira los maniquíes muestran una cara desconocida para su tan querido público. "La Familia Feliz" está frustrada porque mientras "papá maniquí" se junta con el mundo de las drogas y la prostitución, "mamá maniquí" vive hastiada de su vida sin sentido, preguntándose en qué momento todo aquello que soñaba dejó de importarle. "El Aventurero" juega abstraído con sus tesoros provenientes de los siete mares mientras asume tristemente que por muchos sellos en su pasaporte o las millas recorridas ningún souvenir podrá llenar el vacío de su soledad. "El Lobo", ojeroso por las continuas resacas, se despierta cada mañana sintiendo que la vida le abandona a cada sorbo, a cada polvo, y aunque intenta no pensarlo, hace años que todos los placeres de la vida ya no saben a nada.

Luces y sombras, lágrimas de maniquí que recorren el corazón de cada uno de ellos. Dolores profundos tras el plástico de su perfección superficial. Una vida para la galería y otra muy distinta para sí mismos. Fachadas que ocultan edificios en ruinas.

Tras pasarnos media vida vistiendo y decorando con mimo nuestro escaparate para mostrarlo al mundo empezamos a temer enfrentarnos a la oscuridad de la trastienda, y nos cuesta aceptar que esa parte oculta también forma parte de nosotros. Un escalofrío nos recorre el alma solo de pensarlo.

Afortunadamente esta sensación desaparece pronto. La luz de la mañana se alarga hasta tocar cálidamente el vidrio del escaparate, y todos los maniquíes vuelven a su posición inicial. Las lágrimas se secan y las ojeras desaparecen porque de nuevo es la hora de interpretar nuestro mejor papel. La familia se abraza mientras el lobo se sirve una nueva copa, El reloj ha vuelto a girar y las luces se encienden. Es hora de mostrar que, por supuesto, todos los sueños se hacen realidad.

sábado, 27 de febrero de 2016

Mi Guardián

Hace eones un ser sin igual llegó a la Tierra. Su corazón era puro y el brillo de sus ojos hacían que el mundo perdiera la cabeza. Su belleza era tal que todos volvían la cabeza a su paso, y el mundo entero se disputaba aunque solo fueran unas horas de su presencia. Príncipes, nobles mendigos y soldados. Todos ellos se disputaban el honor de quedárselo para sí como si de un trofeo se tratara.

Este ser tan lleno de luz se horrorizaba de esta realidad en la que había aterrizado, y asustado procuraba esconderse entre la multitud intentado pasar desapercibido, pero el brillo de su corazón era tal que era imposible mantenerlo oculto. Por muy lejos que escapara su efecto en la gente era inevitable, desatando la locura allá donde pasara. Ante tanto caos este ángel sin alas se propuso un objetivo: Tenía que encontrar a su guardián. Un guardián al que poderle entregar su corazón sin reservas y que él lo protegiera de este mundo frío y loco al que se enfrentaba.

Afortunadamente mientras perseguía su objetivo iba protegido por su buena estrell, y pasaron varios años sin que nadie pudiera hacerle daño, huyendo de las multitudes y escondiéndose en pequeños poblados. Aun así siempre acababa llamando la atención y debía huir allá donde estuviera. Su agotamiento empezaba a ser notable: Noches sin dormir por miedo de que alguien pudiera hacerle daño durante la noche, durmiendo en la intemperie mientras el frío se colaba entre sus huesos con el fin de alejarse de los seres humanos, y cautivo de la decepción ante cada encuentro que tenía con las personas que poblaban este mundo.

El tiempo seguía pasando y su corazón se marchitaba infectado por la realidad de este mundo lujurioso y falto de valores. Con su alma dañada y su brillo opacado por la cruda realidad, este ser empezó a enfermar.  Solo en medio de la naturaliza salvaje suspiraba por ese guardián que le protegiera y con quien sentirse seguro para siempre.... y empezaba a pensar que no existía tal ser legendario. El desánimo se hacía más palpable en sus entrañas y su corazón empezó a endurecerse pensando que el único que podía protegerse de los demás era él mismo.

El calor de su interior se desvanecía al tiempo que la esperanza se esfumaba de su interior. Completamente hastiado de un mundo donde lo único que hacía era correr y escapar para evitar las heridas que su cuerpo no terminaba de curar, su corazón no fue lo único que se endureció. Paulatinamente se sentía más pesado. El aire se hacía irrespirable y su cuerpo dejó de responder. Su cuerpo se convertía en piedra.

Desgraciadamente lo inevitable pasó. Esta maravilla de la Creación se convirtió en una estatua perenne a la orilla de un lago olvidado. La maleza invadió su cuerpo y su leyenda quedó relegada al olvido. Dicen los pocos relatos que circulan acerca de él que una parte de su alma todavía permanece encendida luchando por no morir definitivamente. Esta última esperanza sigue siendo su protector. Ese caballero de blanca armadura que deposite su escudo bajo su estatua y le jure la fidelidad que tantos años había anhelado. "Algún día".

viernes, 26 de febrero de 2016

Casualidad o Causalidad

Dormidos en el letargo aguardan los recuerdos de un tiempo donde las emociones eran más fuertes, más intensas. Con el tiempo esos recuerdos quedan aletargados en el fondo de la memoria, ocultos por la coraza que uno va construyendo día a día para poder sobrevivir.

Súbitamente el pasado vuelve a ti para recordarte que una vez sentías y que las cosas no eran tan racionales o pragmáticas pomo quieres hacerlas creer. Es entonces cuando replanteas tu vida y vuelves a hacerte las mismas preguntas que hace años te hacías, cuando pensabas que gracias a la madurez de los tiempos presentes y todo lo que has vivido no volverías a plantearte: "¿Hay futuro después de dos corazones rotos? ¿Hay esperanza para esa historia que nunca volvió a pasar?".

Definitivamente este año está siendo un año de sentir y pensar al mismo tiempo. Me doy cuenta que dentro de todo este sentir hay mucho llamémosle "capricho" detrás por crear las historias perfectas o redondas donde todo tiene un cierre o un final feliz, una esperanza porque esas personas que ya estaban presentes en el pasado de una forma especial formen parte del presente y definitivamente del futuro.

Creemos en el destino, en que las cosas no pasan por coincidencia.. y a veces tenemos que darnos cuenta de que efectivamente la vida es curiosa y nos hace tropezarnos dos veces con la misma piedra (y a veces tres), pero que no hay astros alineados detrás y que las cosas ocurren simplemente porque tienen que pasar, sin haber más explicación que los hechos que están pasando.

En cualquier caso el ser humano, en su bendita ignorancia, intenta pensar en "cerrar círculos perfectos" o en "hilar una historia perfecta tras años de construción". La vida no es una historia de amor como en las películas. Las cosas pasan sin más explicación y nos tenemos que aferrar a un presente, siendo conscientes de nuestro pasado para construir el futuro que buscamos para nosotros. 

Todo lo demás, estás de más.

domingo, 3 de enero de 2016

A prueba de seísmos

Nos pasamos la vida construyendo nuestra parcela en este mundo. Con los materiales que tenemos disponibles vamos trabajando un lugar donde refugiar nuestras almas, construyendo una vida a nuestro alrededor. De forma tímida y torpe al principio y tomando como cimientos los que nos enseñan nuestros padres. Luego apuntalamos esta vivienda con los modelos que nos parecen dignos de inspiración a la vez que rellenamos los huecos de nuestros errores con hormigón para seguir creciendo y, gracias a los años y la experiencia, aprendemos a darle forma con pericia para crear ese lugar que siempre habíamos soñado, luchando por crear una torre cada vez más alta que nos permita alcanzar las estrellas que antaño nos parecían tan lejanas.

Me río cuando pienso en mi juventud, en cómo iba construyendo un torreón que pensaba llegar a lo más alto. En aquel momento no veía los grandes agujeros que tenía mi plan, ni en la poca pericia que tenía a la hora de tallar la madera o apuntalar los cimientos. Mis pequeños logros me parecían grandes avances y pensaba que iba por el buen camino: Aquel para el que me habían enseñado a andar. Pero el camino que te muestran tus mayores y aquel que uno tiene predestinado andar no tienen porqué ser el mismo.. y eso ya lo aprendería yo con los años.

Hace 8 años un terremoto convirtió mi hogar en el epicentro de su espectáculo y la tierra que había bajo mis pies se estremeció hasta remover los secretos que habían ocultos en mi corazón. Un seísmo que me cambió la vida y marcó para siempre mi existencia. Aunque muchas piedras quedaron en pie, pues aunque endeble y algo infantil, mi casa tenía unos cimientos muy fuertes, una parte de la construcción quedó completamente inutilizada, y tocaba tapar los huecos y continuar luchando por alcanzar las estrellas.

Durante los últimos años me he afanado por dar lo mejor de mí. La experiencia y un espíritu renovado con sus sueños claros hicieron que poco a poco mi torre cogiera forma hasta llegar allá donde quería que estuviera. Había sido un camino complicado, pero mi estrella siempre brilló para mí iluminándome el camino. No era la torre más alta y quizás no era la más hermosa, pero era aquella que había construido yo en base a mi trabajo y esfuerzo, basado en mi genuino deseo de hacerlo de la forma que solo yo quería.

Hace escasos días, cansado de la agotadora tarea que había sido llegar hasta aquí, me secaba la frente y miraba con orgullo la obra que había creado, capaz de tocar muchas de las estrellas que hace casi una década solo podía ver desde el suelo. Pero es curiosamente cuando crees que todo es perfecto cuando algo hace darte cuenta de que no lo es.

Un ruido muy familiar retumbaba en mis oídos y mis pies comenzaban a temblar tal y como lo hicieron hace 8 años. Después de años de lucha por construir y llegar allá donde siempre soñé, volvía aquel fenómeno de la naturaleza que una vez destruyó y cambió mi vida. Una sensación extraña se adueñaba de mí, mientras las antiguas grietas se abrían en las paredes para gritar que el pasado siempre acaba volviendo, y que uno no puede escapar de su propio destino.

Pero aunque tengo algo de miedo sé que aunque el suelo tiemble aguantaré sin caer. Si el viento se cuela por mis heridas aprenderé a soportar el dolor. Porque ahora mis pies están anclados al suelo y mi mirada puesta en las estrellas, mis convicciones son firmes y mi piel de hormigón. Finalmente el tiempo curtió a ese joven inocente en su pequeña burbuja de cristal y lo convirtió en un hombre con ganas de amar, pero que no perderá la esencia del ser que es ahora.

miércoles, 25 de enero de 2012

Perdiendo el miedo a lo desconocido

Poco a poco, mis objetivos se van cumpliendo. Han sido años anhelando el futuro que ya en un mes se convertirá en presente y, a pesar de todo, una sensación de miedo se apodera de mis noches. Una ciudad que se oculta tras la neblina de lo desconocido se encuentran mis sueños escondidos en un cofre.

Los días del calendario van acercando esa fecha que aun hoy sigue siendo una incógnita, pero afortunadamente cada día que pasa el miedo se va transformando en ilusión. Siento que las alas van creciendo a mis espaldas, y pronto serán lo suficientemente grandes para que todos las puedan ver, y ese miedo que me aprisionaba el estómago se van convirtiendo paulatinamente en rugidos de hambre por comerse el mundo.

Ansias por ver más allá, por saber y seguir creciendo. Descubrir un futuro que sólo a mí me pertenece y continuar forjando esa increíble historia que es mi vida. Ya no tengo miedo a fracasar, sino ganas de triunfar, por desvanecer esa niebla que oculta la que será mi ciudad y clavar mi bandera en lo alto de sus edificios.

¡Casi falta un mes y no puedo reprimir mis ansias por volar!

lunes, 2 de enero de 2012

El Sueño del Ángel

Con los ojos escondidos tras mis párpados, mi imaginación escapa al lugar donde se tejen los sueños. Aquí el cielo es infinito y blanco, mientras que todo está cubierto de agua mansa que cubre mis pies salvo una isla en medio de este océano sin profundidad. Íntima y pequeña, cómoda y con sitio sólo para mí.

En esta pequeña isla, soy capaz de verme con alas, capaces de sobrevolar los problemas y proteger a las personas que me importan. A través de su luz, puedo ver el camino correcto por este mundo de incoherencias y lleno de malos deseos. Y es aquí, sentado en mi pequeña isla escondida del mundo, donde puedo observar los fotogramas de mi vida con tranquilidad...

Aquí soy capaz de tomar distancia y ver a mi alrededor. Recapitulando imágenes, observo las decisiones del pasado, aprendiendo de los errores que ya jamás volverán a ser cometidos. También aquí disfruto del presente que se me ha brindado. Realmente me doy cuenta de que las cosas no me han ido del todo mal, y me siento francamente orgulloso de donde estoy, y de quién soy. Miro al cielo con gratitud, por todas las ayudas que me han ido guiando por el buen camino, por las personas que tengo a mi alrededor que me hacen sentirme importante en sus vidas, y no puedo evitar sonreír.

Sobre el futuro... es una incógnita, pero hay varios sueños que me gustaría ver cumplidos. Hoy tengo 27, dentro de unos años me gustaría seguir creciendo en mi trabajo, ser alguien en el mundo del Marketing, escribir un libro, casarme y tener hijos, seguir teniendo amigos que me quieran, viajar, que mis joyas me sigan recordando.... Pero, sobre todo, cumplir el Sueño del Ángel: Poder parar el tiempo y darse cuenta de estar justo donde siempre quise estar.

domingo, 24 de enero de 2010

En el fondo de un pozo

Hay una parte de mi que vive encerrada en un pozo. Es muy hondo y oscuro, y hace tiempo que por allí no corre el agua. Ahi descansa en silencio, observando el cielo lleno de estrellas como una utopía que jamas podrá alcanzar.

Hace tanto tiempo que permanece ahí en silencio que llevo tiempo suponiendo que así debe ser, apenas haciendo esfuerzos por cambiar, por elevarla hacia donde crece la hierba y acaricia el sol. Siempre pienso que debo hacer algo, pero nunca me esfuerzo lo suficiente. Un obstáculo invisible retiene siempre mis pasos, impidiéndome trepar por las paredes del hoyo.

Poco a poco tengo que evolucionar, dar un paso más. Antes de irme, debería haber al menos comenzado a trepar para subir a la cima. Siempre es el miedo de cambiar y lo aparentemente difícil que resulta la tarea, por no hablar de lo injusto de tener que luchar por algo que el resto del mundo ya lo tiene integrado en sí mismo. La rebeldía de no hacer nada por lo injusto que me parece se convierte en una excusa barata para no hacer algo.

Igual que estoy trabajando en varias facetas de mi vida por ser mejor, creo que esta merece también que ponga de mi parte y comience a trepar mi muro. Todo empieza por imaginarme ahí arriba, disfrutando del calor con el que todos llevan ya años bronceándose, del placer que ello les reporta para así convertirlo en una ambición real.

Dicen que uno no puede cambiar, porque finalmente por mucho que uno luche, finalmente se encontrará su yo anterior. Uno no puede dejar de ser uno mismo en esencia, pero sí puede evolucionar.
Yo creo en la evolución, y en mejorar uno mismo cada día.

Este año daré cuerda a mi mundo para empezar a trepar.

domingo, 15 de noviembre de 2009

El guardian de las palabras

Hay palabras que nunca llegan a atravesar mis labios. Sonidos que mueren antes de vibrar en las cuerdas vocales. Son muchas las cosas que siempre he querido decir y nunca he podido expresar. Sé que es tu culpa. Tú y tu maldito afan de protección. El eterno Guardian de las Palabras, que secuestra mis pensamientos y censura mis frases. Eres tú, estúpida antigualla embutido en tu armadura oxidada el que me prohíbe rebelarme contra el mundo. ¿Por qué me contienes?

Eres la sombra que me persigue en mi rutina, escondido en tu abollada armadura que me escolta sin hacer ruido, ahogando las palabras en las aguas del Miedo, estrangulando sus sílabas con tus manos para que nunca vuelen por el aire. Retienes mis discursos para evitar las peleas, los "peros" cuando tengo algo que objetar, el veneno que impregna mis palabras, las palabras valientes que defienden mis argumentos... Me has convertido en un inofensivo muñeco de trapo.

Autoproclamado el defensor de mi integridad, me proteges del supuesto mal que podría infectar mi vida si actuase sin tu control, sin censura. Tu rasgada voz repite una y otra vez que todo esto es por mi bien, y que rendirse sin luchar es la mejor forma de vivir sin recibir heridas.

Estoy cansado de este secuestro, de no tener carácter para defenderme y menos para atacar. Harto de sentir la sangre hirviendo y la ira enfriarse en mi cabeza. No quiero vivir medio sedado encerrado en mi propio cuerpo. Quiero ser capaz de librar mis propias batallas, y demostrarme que soy capaz de ganarlas. Algún día escaparé de tu cautiverio y recuperaré mi voz...

domingo, 17 de agosto de 2008

Una partida de cartas


Obligados a sentarnos a la mesa a jugar. Nunca fue decisión nuestra participar, pero alguien nos repartió las cartas con las que comenzar. Hay millones de jugadores, pero sólo vemos a los que tenemos al lado. El crupier que nos ha dado las cartas está oculto entre las sombras. Todo está cubierto de sombras, salvo el verde tapete donde se hacen las apuestas y se arrojan las cartas.

Con más o menos suerte, empezamos a jugar sin saber exactamente las reglas del juego.
Cambiamos nuestras cartas, arriesgamos y apostamos por conseguir lo que con el tiempo averiguamos el premio gordo de la casa. Nunca nadie fue ganador absoluto de este juego. Aunque juegues tus cartas lo mejor que puedas, al final siempre tendrás que abandonar. Pero si hubo muchos perdedores, y otros que decidieron abandonar la timba a la mitad. Incontables derrotas sonadas donde se pierde todo en una mala jugada, innumerables quejas al crupier, a los jugadores… La mesa está moldeada por los puñetazos y patadas de resignación, pero este juego tiene reglas muy complicadas, y aunque parezca injusto, en el tapete las cosas funcionan así.

Al final todos pierden. Sin saber cómo ni porqué, un hombre de dos metros de alto, oculto bajo un traje oscuro, te pide que le acompañes: La partida ha terminado para ti. Nunca se sabrá más de ti, y en la mesa de vez en cuando saldrá tu nombre, aunque con el tiempo desaparecerá como el humo de los cigarros y puros, porque siempre entran nuevos jugadores a la mesa, y hay que estar atentos para desplumar al primero que pase.