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sábado, 27 de febrero de 2016

Mi Guardián

Hace eones un ser sin igual llegó a la Tierra. Su corazón era puro y el brillo de sus ojos hacían que el mundo perdiera la cabeza. Su belleza era tal que todos volvían la cabeza a su paso, y el mundo entero se disputaba aunque solo fueran unas horas de su presencia. Príncipes, nobles mendigos y soldados. Todos ellos se disputaban el honor de quedárselo para sí como si de un trofeo se tratara.

Este ser tan lleno de luz se horrorizaba de esta realidad en la que había aterrizado, y asustado procuraba esconderse entre la multitud intentado pasar desapercibido, pero el brillo de su corazón era tal que era imposible mantenerlo oculto. Por muy lejos que escapara su efecto en la gente era inevitable, desatando la locura allá donde pasara. Ante tanto caos este ángel sin alas se propuso un objetivo: Tenía que encontrar a su guardián. Un guardián al que poderle entregar su corazón sin reservas y que él lo protegiera de este mundo frío y loco al que se enfrentaba.

Afortunadamente mientras perseguía su objetivo iba protegido por su buena estrell, y pasaron varios años sin que nadie pudiera hacerle daño, huyendo de las multitudes y escondiéndose en pequeños poblados. Aun así siempre acababa llamando la atención y debía huir allá donde estuviera. Su agotamiento empezaba a ser notable: Noches sin dormir por miedo de que alguien pudiera hacerle daño durante la noche, durmiendo en la intemperie mientras el frío se colaba entre sus huesos con el fin de alejarse de los seres humanos, y cautivo de la decepción ante cada encuentro que tenía con las personas que poblaban este mundo.

El tiempo seguía pasando y su corazón se marchitaba infectado por la realidad de este mundo lujurioso y falto de valores. Con su alma dañada y su brillo opacado por la cruda realidad, este ser empezó a enfermar.  Solo en medio de la naturaliza salvaje suspiraba por ese guardián que le protegiera y con quien sentirse seguro para siempre.... y empezaba a pensar que no existía tal ser legendario. El desánimo se hacía más palpable en sus entrañas y su corazón empezó a endurecerse pensando que el único que podía protegerse de los demás era él mismo.

El calor de su interior se desvanecía al tiempo que la esperanza se esfumaba de su interior. Completamente hastiado de un mundo donde lo único que hacía era correr y escapar para evitar las heridas que su cuerpo no terminaba de curar, su corazón no fue lo único que se endureció. Paulatinamente se sentía más pesado. El aire se hacía irrespirable y su cuerpo dejó de responder. Su cuerpo se convertía en piedra.

Desgraciadamente lo inevitable pasó. Esta maravilla de la Creación se convirtió en una estatua perenne a la orilla de un lago olvidado. La maleza invadió su cuerpo y su leyenda quedó relegada al olvido. Dicen los pocos relatos que circulan acerca de él que una parte de su alma todavía permanece encendida luchando por no morir definitivamente. Esta última esperanza sigue siendo su protector. Ese caballero de blanca armadura que deposite su escudo bajo su estatua y le jure la fidelidad que tantos años había anhelado. "Algún día".

domingo, 15 de noviembre de 2009

El guardian de las palabras

Hay palabras que nunca llegan a atravesar mis labios. Sonidos que mueren antes de vibrar en las cuerdas vocales. Son muchas las cosas que siempre he querido decir y nunca he podido expresar. Sé que es tu culpa. Tú y tu maldito afan de protección. El eterno Guardian de las Palabras, que secuestra mis pensamientos y censura mis frases. Eres tú, estúpida antigualla embutido en tu armadura oxidada el que me prohíbe rebelarme contra el mundo. ¿Por qué me contienes?

Eres la sombra que me persigue en mi rutina, escondido en tu abollada armadura que me escolta sin hacer ruido, ahogando las palabras en las aguas del Miedo, estrangulando sus sílabas con tus manos para que nunca vuelen por el aire. Retienes mis discursos para evitar las peleas, los "peros" cuando tengo algo que objetar, el veneno que impregna mis palabras, las palabras valientes que defienden mis argumentos... Me has convertido en un inofensivo muñeco de trapo.

Autoproclamado el defensor de mi integridad, me proteges del supuesto mal que podría infectar mi vida si actuase sin tu control, sin censura. Tu rasgada voz repite una y otra vez que todo esto es por mi bien, y que rendirse sin luchar es la mejor forma de vivir sin recibir heridas.

Estoy cansado de este secuestro, de no tener carácter para defenderme y menos para atacar. Harto de sentir la sangre hirviendo y la ira enfriarse en mi cabeza. No quiero vivir medio sedado encerrado en mi propio cuerpo. Quiero ser capaz de librar mis propias batallas, y demostrarme que soy capaz de ganarlas. Algún día escaparé de tu cautiverio y recuperaré mi voz...