jueves, 21 de agosto de 2008

Parlez-vous français ?




Hace ya un año y medio, mis pies me llevaron a un pueblo remoto del que nadie había oído hablar. Un lugar donde encontré aquello que tanto tiempo llevaba buscando. Fue un punto de transición donde hice mis sueños realidad. Allí tuve cinco meses de felicidad. Momentos inolvidables, litros de vino, viajes y sobre todo buenos amigos.

Allí no éramos amigos, sino familia. Conversaciones hasta las mil, risas hasta más tarde todavía y fiesta, mucha fiesta. Es imposible olvidar las comidas con Raffa y los italianos, las fêtes chez moi, los capítulos de LOST y HEROES con Norbert, la formación del NUCLEO DURO, la guerra de globos de agua, la fiesta en Manosque, la fiesta en la Salle Hericourt, las 8000 compras en el Intermarché, las comidas en casa del abuelo, Assugatriche!, el día que nevó y jugamos a guerras de bolas de nieve… Yo nunca sentí nostalgia de mi casa, porque durante aquel tiempo aquella habitación de 20 metros cuadrados era mi hogar… Unos 20 metros cuadrados que conocieron más fiesta en esos 5 meses que en toda su vida la verdad. Los viajes por toda Francia fueron algo espectacular… la Bretaña francesa, el sur de Francia, Alsacia… En una furgoneta todos juntos conociendo mundo. Son experiencias que realmente no se olvidan.

Ha pasado largo tiempo y el sueño ERASMUS se terminó. De vuelta a casa a retomar la vida que una vez dejé… el mundo ha girado mucho desde entonces. Varios de esos amigos bisontinos se quedaron en el camino, y su recuerdo permanece en fotos lejanas de un tiempo pasado. Afortunadamente hay un puñado de ellos que se aferran a mi vida para permanecer en ella un tiempo más.

Un año y medio… Cuando miro hacia atrás, me invade la nostalgia de esa etapa única en la vida. Especial e irrepetible… El ERASMUS fue mis alas, y me dio la fuerza para volver y cambiar mi mundo.

Francia tiene un lugar importante en mi vida, y el francés con él. J´oublierai jamais.
"La melancolía es la felicidad de estar triste"

martes, 19 de agosto de 2008

Tijiri


Llevo incontables noches en vela pensando en ti, viendo cómo el Tiempo te maltrata. Tus ojos pierden su luz y tu cuerpo se marchita como las flores en invierno. Mis ojos acuosos buscan ser la medicina de tu mal, mis manos ser el alivio de tus horas de dolor, pero es en vano. Tus labios no se curvaban mostrando felicidad desde hacía meses, y el sudor perlaba tu frente mostrándome el sufrimiento que padecías. Sentía que no podía hacer nada para luchar contra el Destino, que estabas condenado a desaparecer para siempre, llevándote contigo mi corazón, mis ilusiones, mi vida…

Cansada de tanto llorar, tomé una determinación. Me alejé de tu cuerpo que apenas respiraba para correr hacia el balcón, buscando en los cielos la brillante luna que brillaba en la noche. Me sequé las lágrimas y juré que haría lo que fuera por ti. Por tu amor… incluso sacrificar mi vida si era necesario. Sin ti mi vida estaba vacía… No volvería a comer hasta que mi amado se recuperase. Si moría de enfermedad, yo moriría de inanición. Grité al cielo mi pacto con desesperación. De repente, las nubes se rielaban, ocultando a la luna, que se llevaba consigo mi promesa. Me sentí sola y desamparada. Entre lágrimas de desconsuelo, mi súplica terminó en sollozos, llevándome a un profundo sueño. Una voz resonó dentro de mí “Hasta que la luna no vuelvas a ver…”

La luz del sol me descubrió en el suelo de la terraza, mientras mi amado seguía acostado viendo las horas pasar. Todo parecía igual, pero yo había marcado mi destino. “Hasta que la luna no vuelvas a ver…” La frase resonó en mi cabeza, como una advertencia, y yo cumpliría sin dudarlo.

Los sirvientes sorprendidos, retiraron los platos de la mesa sin haber probado ni una miga de pan, y aún más con mi orden de repartir todas las comidas que me restaban del día a los mendigos del barrio. Con cada gruñido de mi estómago, sentía que aquel hombre que reposaba en la cama se llenaba con un poco de mis fuerzas. Me sentía viva, útil. Lentamente reptaron las horas hasta dar paso a la oscuridad de la noche, mas las nubes oscuras ocultaban el cielo, sumiendo el barrio en tinieblas. Resignada, fui al lecho a descansar. Aguantaría el tiempo que hiciera falta, aunque la luna se ocultase para siempre, ella la esperaría con paciencia.

Así pasaron varios días, acompañado de sus oscuras noches sin luna. Mientras los mendigos del barrio se arremolinaban en busca de comida, yo decidí encerrarme en la terraza, donde miraba distraídamente los cielos, en busca de la luna, y observaba como mi amado seguía muriendo lentamente. Aquella noche, miré ligeramente los cielos, pensando que encontraría a mi luna jugando al escondite otra vez. Cuando me disponía a descansar, el brillo de la luna llena se hizo presente como nunca había visto en la vida. Tan bella, tan grande, que no pude reprimir mis lágrimas. Corrí escaleras abajo, y nuestros ojos se encontraron. Tú me sonreíste… y para mí fue suficiente.

Aventuras dentro de un vaso de agua

Hoy me levanté a las 8.35. “¡¡Se me había hecho tarde otra vez!!” Apenas el tiempo justo para lavarme e ir con una aspecto más o menos decente a trabajar. Salgo de casa, sabiendo que una vez más tenía que haberme afeitado porque parecía un mendigo, miro el reloj contando los segundos y calculando el tiempo que tardaría en llegar a trabajar… “Bueno, si cojo los semáforos en verde y voy rápido puede que entre a las 9.05, no es tan tarde entre que entro y todo…” Corre que te corre, sulfurado por los semáforos en rojo y los camiones cisterna que ocupan los dos carriles el sudor frío recorre mi nuca. Entro a las 9.15 a trabajar… la jefa no ha venido todavía…

Miro la lista de tareas, y hay cosas que no tengo ni idea de hacer. Mi compañero grita de repente: “¡Mierda! Se me olvidó que hay que tener esto listo para hoy, Navin ayúdame con esto” Corre otra vez, aprende a hacer el trabajo, saca la información de los programas que siempre se bloquean y descubre a hacer presupuestos. “Rápido que no queda tiempo porque sin esa información no vamos a ninguna parte”. Más sudores, más velocidad. Mientras, la jefa se lima las uñas y comenta el Vogue con las chicas del trabajo. “¿Has visto cómo fue Pe a recoger los premios? Qué fuerte”. Tecleo rápidamente mientras de reojo veo el tiempo correr… ¡Justo a tiempo! Imprimes el informe justo 2 minutos antes de que comience la reunión. Le dejas los datos a tu jefe… justo cuando te viene a comunicar que el informe a partir de ahora se hace en un formato resumen que tiene que estar listo para mañana.

Hoy he quedado a las 4.30. Salgo a las 3.00 y ya a las 3 menos 5 estoy pensando: “Bueno, ahora salgo rápido del curro, llego a casa a las 3.20 y termino de comer a las 3.40. Me doy una ducha y estoy listo. Tengo tiempo de sobra”. Mi otro compañero me dice: “Navin, espérame 5 minutos y salimos juntos, que termino esto y salgo…” Decidí esperar, lo que no sabía es de “esto” y “5 minutos” en realidad significaba “TODO ESTO” y “TIEMPO IMPRECISO DE TIEMPO MUY SUPERIOR A 5 MINUTOS”. 5 minutos pasan, y luego se transforman en 10… Mi cuerpo es un mar de sudor. Decido irme y coger el coche y maldecirme por esperar siempre a que mi compañero termine con sus “esto de 5 minutos” si total, cada uno coge su coche y se va…. Llego a casa 20 minutos más tarde de lo previsto. Como en 5 minutos, me ducho en 5. Estoy listo para quedar… cuando estoy saliendo de casa recibo un sms: “M akbo de levantar, kdams luego”

CONTINUARÁ…

lunes, 18 de agosto de 2008

La bella durmiente



Érase una vez en un sueño, una bella dama que durmió y nunca pudo despertar. Maldita a vivir un mundo de escaparate donde nada de lo que existía era realidad, pero del que le era imposible escapar.

Ella no sabía que vivía en una tierra de quimeras, pero con el tiempo empezó a darse cuenta de la ridiculez en la que se convertían los seres que tenía a su alrededor. Cada día todo resultaba más incoherente, un sinsentido que se extendía hasta la eternidad. Batallaban entre ellos sin ningún motivo, cometían disparates y locuras, las verdades eran realidades parciales y los contratos escondían cláusulas secretas. Se sentía en un dibujo animado. Era como vivir rodeada de elefantes de colores.

Vivía con resignación, llegando a la conclusión de que sus días no eran sino ficciones imposibles de tomarse en serio. Cada hora que pasaba en él, más claro tenía que aquello no podía ser verdad. Desde entonces ya nada terminó por cuadrar: un sabor que no llegaba a explotar en su boca, una visión en la que faltaba algo para ser real, un abrazo incompleto… Cualquier cosa había perdido sentido, y se sentía sola en un mundo que era incapaz de comprender. Un lugar donde no podía ser completa.

Un día tomó una determinación: No podía vivir en una tierra donde sentía que nada de lo que hacía era en realidad. Cansada de este loco mundo, desesperada de un mundo sin futuro, decidió terminar con esta farsa de una vez. “Quizás muriendo en este mundo consiga despertar en aquel que me pertenecía.” Pensaba con dolor. Así que un día, subió al edificio más alto que conocía y miró al horizonte desafiante, diciéndole adiós a una realidad que no era la suya. Por fin podría escapar para volver a sentirse ella misma. Cerró los ojos y empezó a sentir el viento corriendo por su cara a toda velocidad…

“Una muerte instantánea donde los huesos aplastaron sus órganos vitales. Sufría un trastorno mental y a veces perdía el contacto con la realidad” Ese fue el diagnóstico de los forenses. Ella jamás volvió a despertar, ni aquí ni en ninguna otra parte. La bella dama nunca supo que lo que realmente fue un sueño, fue que nunca estuvo dormida.


BORN TO SHINE
BORN TO BE THE ONE
DEAD AS ALL
NEVER UNDERSTOOD
EVEN BY HERSELF

domingo, 17 de agosto de 2008

Una partida de cartas


Obligados a sentarnos a la mesa a jugar. Nunca fue decisión nuestra participar, pero alguien nos repartió las cartas con las que comenzar. Hay millones de jugadores, pero sólo vemos a los que tenemos al lado. El crupier que nos ha dado las cartas está oculto entre las sombras. Todo está cubierto de sombras, salvo el verde tapete donde se hacen las apuestas y se arrojan las cartas.

Con más o menos suerte, empezamos a jugar sin saber exactamente las reglas del juego.
Cambiamos nuestras cartas, arriesgamos y apostamos por conseguir lo que con el tiempo averiguamos el premio gordo de la casa. Nunca nadie fue ganador absoluto de este juego. Aunque juegues tus cartas lo mejor que puedas, al final siempre tendrás que abandonar. Pero si hubo muchos perdedores, y otros que decidieron abandonar la timba a la mitad. Incontables derrotas sonadas donde se pierde todo en una mala jugada, innumerables quejas al crupier, a los jugadores… La mesa está moldeada por los puñetazos y patadas de resignación, pero este juego tiene reglas muy complicadas, y aunque parezca injusto, en el tapete las cosas funcionan así.

Al final todos pierden. Sin saber cómo ni porqué, un hombre de dos metros de alto, oculto bajo un traje oscuro, te pide que le acompañes: La partida ha terminado para ti. Nunca se sabrá más de ti, y en la mesa de vez en cuando saldrá tu nombre, aunque con el tiempo desaparecerá como el humo de los cigarros y puros, porque siempre entran nuevos jugadores a la mesa, y hay que estar atentos para desplumar al primero que pase.

Wind of Change

Nada permanece constante. Todo cambia mientras el tiempo pasa. Una semilla se convierte en árbol. El día en la noche. Nosotros no somos menos: Vivimos en una constante evolución, donde cada día es una nueva experiencia que nos hace distintos que ayer, distintos que mañana.

Un filósofo dijo una vez que “es imposible bañarse dos veces en el mismo río”, y creo que tiene razón. Las alegrías del ayer no son las mismas que las de hoy. Cuando éramos niños, cualquier cosa nos hacía feliz y reíamos sin preocupanos por nada. Hace un par de años, me lo pasaba en grande disfrutando de la compañía de mis amigos sin importarme nada más, pensando en un futuro que se avecinaba. Hoy, río cuando puedo, buscando pequeños momentos para olvidar las preocupaciones y sentirme feliz. Ahora necesito de muchas cosas para encontrar un buen equilibrio en mi vida. El mundo cambia, y nosotros con él.

Aquél que intenta permanecer igual a medida que pasan los años comete un error, porque vivir anclado al pasado no hace sino alejarte del mundo en el que vives, quedando irremediablemente a la deriva. La vida es cambio, y hay que evolucionar para tomar el rumbo que te corresponde, un camino que sólo puedes descubrir tú mirando la hoja de ruta.

No me culpes por cambiar, por no ser el Yo que una vez conociste. Hay mucho de esa persona en mí todavía, pero el viento sopla, y hay que arreglar las velas para coger el viento y seguir avanzando. Recuerda que lo que cambia es la forma del barco, pero no lo que hay en su interior...