miércoles, 25 de enero de 2012

Perdiendo el miedo a lo desconocido

Poco a poco, mis objetivos se van cumpliendo. Han sido años anhelando el futuro que ya en un mes se convertirá en presente y, a pesar de todo, una sensación de miedo se apodera de mis noches. Una ciudad que se oculta tras la neblina de lo desconocido se encuentran mis sueños escondidos en un cofre.

Los días del calendario van acercando esa fecha que aun hoy sigue siendo una incógnita, pero afortunadamente cada día que pasa el miedo se va transformando en ilusión. Siento que las alas van creciendo a mis espaldas, y pronto serán lo suficientemente grandes para que todos las puedan ver, y ese miedo que me aprisionaba el estómago se van convirtiendo paulatinamente en rugidos de hambre por comerse el mundo.

Ansias por ver más allá, por saber y seguir creciendo. Descubrir un futuro que sólo a mí me pertenece y continuar forjando esa increíble historia que es mi vida. Ya no tengo miedo a fracasar, sino ganas de triunfar, por desvanecer esa niebla que oculta la que será mi ciudad y clavar mi bandera en lo alto de sus edificios.

¡Casi falta un mes y no puedo reprimir mis ansias por volar!

lunes, 2 de enero de 2012

El Sueño del Ángel

Con los ojos escondidos tras mis párpados, mi imaginación escapa al lugar donde se tejen los sueños. Aquí el cielo es infinito y blanco, mientras que todo está cubierto de agua mansa que cubre mis pies salvo una isla en medio de este océano sin profundidad. Íntima y pequeña, cómoda y con sitio sólo para mí.

En esta pequeña isla, soy capaz de verme con alas, capaces de sobrevolar los problemas y proteger a las personas que me importan. A través de su luz, puedo ver el camino correcto por este mundo de incoherencias y lleno de malos deseos. Y es aquí, sentado en mi pequeña isla escondida del mundo, donde puedo observar los fotogramas de mi vida con tranquilidad...

Aquí soy capaz de tomar distancia y ver a mi alrededor. Recapitulando imágenes, observo las decisiones del pasado, aprendiendo de los errores que ya jamás volverán a ser cometidos. También aquí disfruto del presente que se me ha brindado. Realmente me doy cuenta de que las cosas no me han ido del todo mal, y me siento francamente orgulloso de donde estoy, y de quién soy. Miro al cielo con gratitud, por todas las ayudas que me han ido guiando por el buen camino, por las personas que tengo a mi alrededor que me hacen sentirme importante en sus vidas, y no puedo evitar sonreír.

Sobre el futuro... es una incógnita, pero hay varios sueños que me gustaría ver cumplidos. Hoy tengo 27, dentro de unos años me gustaría seguir creciendo en mi trabajo, ser alguien en el mundo del Marketing, escribir un libro, casarme y tener hijos, seguir teniendo amigos que me quieran, viajar, que mis joyas me sigan recordando.... Pero, sobre todo, cumplir el Sueño del Ángel: Poder parar el tiempo y darse cuenta de estar justo donde siempre quise estar.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Don´t put your eye on me!

Siento tu mirada en mi nuca mientras duermo, cuando estoy tranquilo con mis amigos, mientras estoy conociendo a alguien...aunque estés a kilómetros de distancia vuelves tu vista para buscarme.  A veces pienso que sólo al nombrarte o tocar algo que fuera tuyo, ya es suficiente para despertar tus alarmas y nuevamente me intentes buscar. Noto tus ojos, tu mirada indescifrable escondida tras los muros que el Tiempo construyó para nosotros, para darnos ese sosiego que tú ahora te niegas a aceptar.

Buscando el mínimo hueco o agujereando tú mismo la pared que nos separa, observas lo que hago como si de un Gran Hermano se tratara, intentando colarte en una realidad que hace ya tiempo que no te pertenece. Te limitas a estar ahí, semana tras semana, oteando qué es lo que voy a hacer hoy.
¿Crees que así mi corazón comenzaría a estremecerse por notar tu presencia?

Ya no existen esas miradas de complicidad entre nosotros, ni la pasión que se enciende con simplemente tenerte a la vista. El desinterés ha hecho que yo hace meses ya cerrase mis ojos y no quiera saber nada más de ti.

Hoy has conseguido que te dedique unas líneas para tu disfrute personal. Pero no conseguirás que te devuelva la mirada jamás.

lunes, 5 de diciembre de 2011

El día de la coronación

El momento se aproxima. Cada día que pasa hace patente lo que está ya por ocurrir. He vivido este momento una infinidad de veces en mi mente, pero ya casi está el momento de materializarse y casi no lo puedo creer. Unas semanas y simplemente a disfrutar.

Escucho la música triunfal sonar por esa sala enorme y alargada, mientras todos aquellos que me han visto crecer estos últimos años se encuentran a los lados, sonriendo y asintiendo con aprobación, haciendo de este largo pasillo una delicia para mi ego. Algunas miradas de envidia otean en el fondo, pero el ambiente de celebración y de alegría hacen que me parezcan invisibles. Marcho despacio por la alfombra roja, con solemnidad y sorbiendo poco a poco este momento que tardará muchos años en repetirse.

Paso a paso, voy rememorando todos los momentos que me han hecho llegar hasta aquí. Aquellos inicios dulces: el momento más feliz de mi vida. La incertidumbre de si llegaría este futuro o todas las enseñanzas que mi mentor atesoraba en mi mente para que algún día este momento llegara. Momentos buenos conjugados con alguna situación agridulce. A decir verdad, no existe la rosa sin espinas, al igual que el placer y el dolor son dos caras de la misma moneda, y hay que saber que la moneda no siempre cae del mismo lado. Y esto es una lección que aprendí hace algunos años ya.

Veo en el horizonte a mi rey, aquel que dándome una de cal y otra de arena, finalmente reconocerá quién soy, y lo que siempre ha brillado en mi interior. Sigo caminando, despacio y sin volver la vista atrás, llenándome con el espíritu de los que siempre me han apoyado y hoy están aquí, expectantes. Me acerco a él, y me arrodillo cual humilde caballero.

Entonces él comienza a hablar, y sus palabras de las cuales apenas recordaré sólo algunas frases sacadas de contexto, harán que me sonroje, mire al suelo y no pueda evitar una sonrisa, como el niño que sigo siendo. Será entonces cuando coloque sobre mi cabeza una corona. Símbolo del éxito y la fortuna, de mi valía como caballero y de la pasión por lo que soy. Una corona que brillará por muchos años sobre mi cabeza.

Cuando eso ocurra, la sala romperá a aplaudir, y esta vez seré yo el que les mire a todos con enorme gratitud, prometiendo seguir siendo yo. Intentando mejorar todavía más, para seguir brillando y hacer realidad mi sueño, el de pertenecer al firmamento donde sólo los más grandes serán recordados.

Finalmente el aprendiz se convirtió en maestro.

jueves, 20 de octubre de 2011

Vuelta al reloj (EPÍLOGO)

Como enfermera, hay muchos casos que llegan a conmoverte. Este en concreto, será uno que no olvidaré jamás en la vida, imagino que por lo mucho que me recuerda a mí misma.

Fui yo quien le atendió en aquel accidente. Realmente fue un choque durísimo del que nadie creyó que pudiera haber salido con vida. Cuando le vi, me propuse hacer lo posible por salvarle. Su cuerpo estaba completamente destrozado, pero aun así aguantó consciente mucho más tiempo de lo habitual en ese estado. Quizás debido a vivir todo eso, su mente emigró lejos, por la propia conmoción del accidente. El médico le diagnosticó un coma cerebral, y les había dicho a los padres del muchacho que, si en cinco días no reaccionaba... no habría esperanza para él.

En cuanto lo escuché, sentí que podía hacer algo por él. Hacía muchos años, yo también pasé por esa experiencia. Yo padecí un coma cerebral del cual pude salir. Cuando uno está ahí dentro encerrado, es capaz de escuchar todos los estímulos del exterior, pero no pueden reaccionar. Así me sentía yo en aquella época, encerrada en un lugar al que nadie podía acceder. No recuerdo exactamente quién fue quien me animó a salir, pero tocó la fibra que pudo obrar el milagro.

Yo sentía que podía hacer algo por él, así que furtivamente iba todas las noches a visitarle, le acariciaba la cabeza y le hablaba, tal y como hacía su madre. Le animaba a salir adelante, porque parecía un joven tan decidido a vivir, que no podía ser que su historia terminara aquí.

Unos días más tarde de que saliera del coma, me tocó llevarle la comida. Sería la primera vez que lo vería despierto. Me sentía estúpida por lo nerviosa que estaba. Abrí la puerta con suavidad, y lo saludé. Cuando me vio, por un momento pensé que me reconocía, entonces él rompió el silencio y me dijo: "Gracias, Sonia"

miércoles, 19 de octubre de 2011

Vuelta al reloj (Final)

Tal y como era de suponer para las personas que todavía confían en la lógica, en esa habitación no se encontraba mi abuela.

En su lugar había un joven postrado en esa cama. Estaba lleno de morados y contusiones. Su torso y sus brazos estaban recubiertos por vendas que ocultaban lo que parecían heridas más graves. En su cara, un tubo enorme facilitaba su respiración y, a su lado, había máquinas que le regalaban un hálito de vida más. Estaba al borde de la muerte.

No pude reprimir mis ganas de gritar. Las lágrimas salían a borbotones de mis ojos mientras me acercaba hacia la cama. No podía dar crédito a lo que veían mis ojos. Ese joven era yo.

Entonces recordé. Era miércoles, y justo cuando iba a casa, ocurrió. Recuerdo los faros de coche que se avalanzaba hacia a mí, ese segundo de falta de reacción y la incapacidad de hacerme hacia un lado. Recordé el dolor de nuevo, de cómo mis huesos se rompían y mi cabeza chocaba contra el pavimento. Ahora recordaba la ambulancia, y esa enfermera rubia que me practicaba los primeros auxilios... Así que era eso... El puzzle había vuelto a encajar, y finalmente me había reencontrado conmigo mismo. Había visto mi vida entera pasar en estos días.. De repente, me sentí muy cansado. Me cogí la mano, y cerré los ojos...

Oía a mi madre llamarme incansablemente por mi nombre, y noté que alguien me cogía de la mano, que me daba fuerzas para salir... Era como estar en a varios metros bajo el agua y poder reemprender el camino a la superficie... 

Abrí los ojos pesadamente y ante la atónita mirada de mi madre, sólo pude balbucear: "Mamá, ¿Qué día es hoy?

FIN

Vuelta al reloj (VIII)

Nada más despertarme, ya sabía que hoy sería el último miércoles. Para bien o para mal, todo se terminaría. Mi cuerpo apenas respondía a lo que le pedía. Era como si me hubieran dado una paliza la noche anterior. Veía borroso y un terrible dolor de cabeza me daba los buenos días, como una dura resaca de cinco noches inundadas de alcohol. Estaba claro que el plazo estaba ya por agotarse, y parecía que de mis cinco días, alguien se había robado uno por el camino.

A pesar de mi situación física tan al borde del abismo, mi mente se encontraba lúcida y tranquila, como si las acciones de los días anteriores realmente me estuvieran acercando finalmente a mi meta. Todavía tenía esperanza de que podía escapar de esta realidad que parecía hacerse pedazos.

Sin moverme de la cama, pensé en estos días, donde había reconectado con toda mi vida. Mi niñez, mi familia, mis amigos, mis amores, los lugares que solía frecuentar... Había vuelto a los lugares que más significaban para mí, y eso hacía que realmente me sintiera en paz. Sentía que faltaba poco para liberarme, sólo un candado más me tenía retenido a esta realidad, una espina clavada que no tenía del todo identificada... Y entonces caí.

A duras penas, conseguí ponerme en pie. Tuve una auténtica batalla conmigo mismo por vestirme y asearme con algo de dignidad. Estaba claro que no estaba en condiciones de coger el coche puesto que lo más probable es que consiguiese atraer a la muerte antes de tiempo, y aun me quedaba por jugar mi última carta. Salí a la calle y llamé a un taxi.

- Al hospital, por favor

Me di cuenta de que había visto, de alguna forma u otra, a todas las personas que han significado para mí en todos estos años, pero me faltaba una sola, que ya no se hallaba en este mundo. Mi abuela, que hace tantos años había fallecido, no aparecía en todos esos recuerdos que había vuelto a recrear. Ella había sido muy especial para mí, y es la que me ayudaría a completar el puzzle, ella era la última pieza del rompecabezas de mi vida. La necesitaba para reencontrarme conmigo mismo. 

En el cementerio no existía una lápida en su nombre, y ya la casa donde ella vivió no existía como tal. Por eso, el único sitio en el que podía reconectar con ella era en el hospital, donde pasó sus últimos meses de vida, donde la acompañé durante todas las horas que hicieron falta para hacerla feliz. Tal y como funcionó con mis amigos, con los que reconecté con todos desde la playa, pensé que sería posible hacer lo mismo con mi abuela. No tenía demasiada lógica, pero dejaba que mi corazón decidiera. Siempre he sido una persona muy emocional, y esperaba que mis instintos no me fallaran esta vez.

Sin detenerme un instante, fui hacia esa habitación. Esa habitación en al que hubo un tiempo en que podía ir hasta con los ojos cerrados. Fui sin que las enfermeras o los médicos pudieran detenerme. Corrí  malamente, intentando ignorar el dolor que sentía en mi cuerpo hasta la puerta 502. La puerta estaba abierta.. y entré....

Fue entonces cuando me reencontré conmigo mismo, aunque no de la forma que yo creía.